¿Datos de hombres para la menopausia?
La AESAN publicó recomendaciones nutricionales para la menopausia basadas, en parte, en datos de hombres. ¿Qué ha ocurrido y por qué es importante hablar de ello?

1 de septiembre de 2026 · 6 min de lectura
Durante mucho tiempo, las mujeres hemos recibido recomendaciones sobre nuestro cuerpo que no siempre nacieron de estudiarlo. Ha ocurrido en el diagnóstico de enfermedades, en los tratamientos y también en la nutrición.
La última polémica en torno a un informe de la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) nos lo ha recordado: algunos de los valores incluidos para mujeres en perimenopausia, menopausia y postmenopausia procedían de estudios realizados únicamente en hombres.
La explicación era que no existían suficientes datos específicos en mujeres. Y es precisamente ahí donde empieza el verdadero problema.
Si cada vez que faltan estudios sobre el cuerpo femenino recurrimos a resultados obtenidos en hombres, ¿cuándo conseguiremos generar la evidencia que todavía necesitamos?
¿Qué ocurrió con el informe de la AESAN?
La Asociación Española de Mujeres Investigadoras y Tecnólogas (AMIT) señaló que algunos valores relacionados con la ingesta de hierro y vitamina C se habían extrapolado matemáticamente a las mujeres en función de su peso.
Las fuentes originales de la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) sí advertían que no existían datos específicos en mujeres. Sin embargo, esta limitación no aparecía de manera suficientemente clara en la tabla y las recomendaciones finales del informe español.
Esto no significa que todo el documento estuviera basado en hombres ni que todas sus recomendaciones fueran incorrectas. La polémica habla de algo más profundo: la importancia de diferenciar entre lo que sabemos, lo que estimamos y lo que todavía necesitamos investigar.
Porque una mujer no es simplemente un hombre que pesa menos.
Las hormonas no son una dificultad que debamos eliminar
Durante décadas, las mujeres estuvieron excluidas o infrarrepresentadas en muchos estudios porque sus fluctuaciones hormonales podían añadir variabilidad a los resultados. Investigar a los hombres parecía más sencillo, homogéneo y económico.
Pero el ciclo menstrual, el embarazo o la transición menopáusica no son interferencias. Son parte de la biología femenina y, por tanto, deberían formar parte de las preguntas que se hace la ciencia.

Qué le pasa de verdad al cuerpo femenino en esta etapa
La perimenopausia y la menopausia no son únicamente el final de la menstruación. El descenso y las fluctuaciones de los estrógenos pueden influir en el metabolismo, la sensibilidad a la insulina, la distribución de la grasa, la masa muscular, la densidad ósea y el sistema nervioso. Esto ayuda a entender por qué algunas mujeres perciben cambios en la energía, el sueño, el estado de ánimo, la concentración o la respuesta al estrés.
No aparecen de la misma manera en todas las mujeres ni dependen solamente de las hormonas: también influyen la edad, la genética, el descanso, el movimiento, la alimentación y el estado de salud.
Un estudio longitudinal realizado con mujeres del proyecto SWAN observó que durante la transición menopáusica podía aumentar la masa grasa y disminuir la masa magra sin que el peso total cambiara en la misma proporción. Es decir, la báscula no siempre cuenta todo lo que está ocurriendo en el cuerpo.
Por eso, reducir la nutrición durante esta etapa a “comer menos” puede ser un enfoque demasiado pobre. Más que una simple pérdida, esta transición puede entenderse como una reorganización metabólica que necesita nuevas estrategias de cuidado.
Lo que sí cuenta con mayor respaldo científico
Durante la menopausia no existe una dieta única ni una lista universal de alimentos permitidos y prohibidos. Sí contamos con algunas prioridades que pueden ayudarnos a cuidar el organismo:
Proteger la masa muscular
Incluir suficientes proteínas de calidad contribuye al mantenimiento de la masa muscular y puede favorecer una mejor salud metabólica y sensibilidad a la insulina. Pescado, huevos, lácteos, legumbres, tofu, frutos secos y carnes poco procesadas pueden formar parte de una alimentación variada.
Pero la proteína no actúa sola. El ejercicio de fuerza es uno de sus mejores compañeros y debe adaptarse a la situación de cada mujer.
Grasas saludables y fitoestrógenos
Verduras, frutas, legumbres, cereales integrales, aceite de oliva virgen extra, frutos secos y pescado azul forman parte de patrones alimentarios asociados con una mejor salud metabólica, cardiovascular y cerebral.
Algunos alimentos, como la soja, el tofu o las semillas de lino, contienen fitoestrógenos: compuestos vegetales que pueden interactuar de forma mucho más suave que los estrógenos del organismo con sus receptores. Su efecto no es idéntico en todas las mujeres y no deben presentarse como un tratamiento universal, pero pueden formar parte de una alimentación variada y cardioprotectora.
Un estudio publicado en 2026 siguió a más de 38.000 mujeres durante los años cercanos a la menopausia. Los patrones ricos en alimentos vegetales mínimamente procesados se asociaron con un menor aumento de peso y riesgo de obesidad. Esto no significa que exista una dieta capaz de garantizar un resultado, pero sí refuerza la importancia de mirar la calidad del conjunto y no únicamente las calorías.
Salud ósea y muscular: mirar más allá del calcio
La salud ósea no depende de un solo nutriente. Además del calcio, intervienen la vitamina D, la vitamina K2, el magnesio y las proteínas. Pero los nutrientes necesitan también un estímulo: el movimiento y, especialmente, el ejercicio de fuerza ayudan a proteger tanto el hueso como la masa muscular. También importa limitar el alcohol y evitar el tabaco.
Que estos nutrientes sean importantes no significa que todas las mujeres necesiten suplementos. Tomar hierro, vitamina D, calcio, magnesio o cualquier otro complemento debería responder a una necesidad real y valorarse de manera individual.
De hecho, tras el cese de la menstruación, las necesidades de hierro disminuyen respecto a la etapa fértil. Salvo que exista una deficiencia o anemia diagnosticada, su suplementación rutinaria durante la posmenopausia no suele ser necesaria y debería realizarse siempre a partir de una analítica y bajo indicación médica.
Salud intestinal, microbiota y estroboloma
El descenso de estrógenos también puede relacionarse con cambios en la mucosa y la función de barrera intestinal. Además, se está investigando el estroboloma, el conjunto de microorganismos intestinales capaces de intervenir en el metabolismo de los estrógenos. Es un campo prometedor, aunque todavía no permite ofrecer conclusiones ni pautas universales.
Una alimentación rica y variada en alimentos vegetales aporta fibra y antioxidantes que ayudan a cuidar la mucosa y la salud digestiva. Aun así, incluso la fibra debe adaptarse a la tolerancia de cada mujer. Hinchazón, estreñimiento o molestias digestivas no deberían conducir automáticamente a eliminar cada vez más alimentos, sino a comprender qué está ocurriendo.
Lo que debe valorarse de manera individual
Centrarse en el momento vital
En consulta encontramos muchas mujeres que llegan después de haber seguido pautas genéricas que no han funcionado para ellas. No necesariamente porque estuvieran “mal hechas”, sino porque no tenían en cuenta su momento vital, sus síntomas o su realidad cotidiana.
Tener una estrategia nutricional
Una estrategia nutricional debería considerar la historia clínica y alimentaria, la composición corporal, la actividad física, la salud metabólica y ósea, el descanso, la relación con la comida y la posibilidad real de mantener los cambios.
Valoración completa
Según cada caso, también puede ser necesario valorar la sintomatología, la analítica hormonal y metabólica, la salud y permeabilidad intestinal o el impacto del estrés y del cortisol. No se trata de pedir las mismas pruebas a todas, sino de saber qué información es relevante para comprender a esa mujer en concreto.
En Casandra entendemos la alimentación como una parte del cuidado integral de la mujer. No se trata de reducir cada síntoma a las hormonas, sino de reconocer que el momento hormonal también forma parte del contexto.
Investigar mejor también es cuidar mejor
La polémica del informe de la AESAN no demuestra que no sepamos nada sobre alimentación y menopausia. Nos recuerda que todavía existen vacíos y que reconocerlos también es una forma de rigor.
No saber algo todavía no es un fracaso de la ciencia. Puede ser el principio de una pregunta mejor.
Las mujeres necesitamos investigación hecha también con y para nosotras, profesionales que comprendan la complejidad de cada etapa y recomendaciones que puedan acompañarnos en nuestra vida real.
Comprender lo que ocurre no significa vivir pendiente del síntoma. Significa dejar atrás la resignación y disponer de conocimiento para participar de forma más consciente en el cuidado de nuestra propia salud.
Porque una ciencia que mira de verdad a las mujeres también aprende a cuidarlas mejor.
Referencias
- Martínez Ron, A. La Agencia Española de Nutrición publica un informe sobre mujeres con menopausia con datos obtenidos en hombres. elDiario.es, 25 de agosto de 2026.
- Greendale GA, Sternfeld B, Huang M, et al. Changes in body composition and weight during the menopause transition. JCI Insight. 2019;4(5).
- Xia T, et al. Optimal Dietary Patterns for Lower Weight Gain and Risk of Obesity Surrounding Menopause. JAMA Network Open. 2026;9(5).
- The North American Menopause Society. Management of osteoporosis in postmenopausal women: the 2021 position statement. Menopause. 2021.
- Saravinovska K, et al. The impact of estrogen status on the gut microbiome: a systematic review and meta-analysis. Frontiers in Endocrinology. 2026;17:1780806.
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En Casandra acompañamos tu salud hormonal y bienestar en cada etapa.
